Esta mesa la encontramos tirada en una casa que hacía años que estaba abandonada; por un lado encontramos la estructura con las patas, por el otro la tapa, partida en dos, con la madera muy deteriorada, blanda, y sucia. El cajón acabó por aparecer en otro montón de escombros.

Estaba claro que había sido bonita, pero de eso hacía ya mucho tiempo y mucha lluvia.
Estudiamos cada elemento; la estructura estaba entera, y el soporte para el cajón casi también. La tapa se podía arreglar, y no tenía ningún agujero de carcoma, así que decidimos darle una nueva oportunidad...
El primer paso fue desmontarla y sanearla; la limpiamos a fondo, la fregamos con papel de lija, primero de 80, luego de 120, y finalmente de 300, hasta que la madera volvió a tener un tacto suave y agradable. Como efectivamente no tenía ningún agujero de carcoma, no fue necesario desinfectarla. A continuación pegamos y clavamos la tapa, para volver a tener una buena superficie.
Decidimos transformarla en una mesita baja para poner al lado del sofá, así que cortamos las patas a la medida que queríamos, y la volvimos a montar. ¡Ya era toda otra cosa!
Una vez montada, la volvimos a pulir, y la teñimos con tinte color roble, para acordarla con los colores de la sala, y la protegimos con 2 capas de tapaporos.
Ya solo nos hizo falta aplicar una capa de lustre, con cera, y ponerle un bonito tirador, que teníamos de otro mueble.
Con un poco de trabajo y cuidado, la mesa volvió a brillar en la sala, también renovada, de la misma casa! Estudiamos cada elemento; La estructura estaba entera, y el soporte para el cajón casi también. La tapa se podía arreglar, y no tenía ningún agujero de carcoma, así que decidimos darle una nueva oportunidad...
El primer paso fue desmontarla y sanearla; la limpiamos a fondo, la fregamos con papel de lija, primero de 80, luego de 120, y finalmente de 300, hasta que la madera volvió a tener un tacto suave y agradable. Como efectivamente no tenía ningún agujero de carcoma, no fue necesario desinfectarla. A continuación pegamos y clavamos la tapa, para volver a tener una buena superficie.
Decidimos transformarla en una mesita baja para poner al lado del sofá, así que cortamos las patas a la medida que queríamos, y la volvimos a montar. ¡Ya era toda otra cosa!
Una vez montada, la volvimos a pulir, y la teñimos con tinte color roble, para acordarla con los colores de la sala, y la protegimos con 2 capas de tapaporos.
Ya solo nos hizo falta aplicar una capa de lustre, con cera, y ponerle un bonito tirador, que teníamos de otro mueble.
Con un poco de trabajo y cuidado, la mesa volvió a brillar en la sala, también renovada, de la misma casa!